Cepeda, ahora me desahogo yo

En 1991, un tal Tupa Shakur –puede que os suene– compuso una canción llamada Brenda´s Got a Baby, pieza del disco 2Pacalypse Now. Una canción sobre la vida de una chica afroamericana de clase baja en EE.UU. embarazada basada en una historia real. Una historia sobre el abandono y como por incapacidad personal y apoyo social la vida de una persona, una adolescente en este caso, se puede arruinar de la forma más trágica en un abrir y cerrar de ojos. Una historia sobre una chica que para sobrevivir abandona a su hijo, pasa a vivir del menudeo y más tarde de la prostitución hasta su asesinato. Una historia de deshago sobre una situación que este artista vio a diario. 

En 2018, con la salida del disco Cara y cruz, de Ayax, vio la luz la canción Desahucio. Una canción sobre los estragos de la Crisis en España. Una historia sobre la pobreza extrema, sobre el hecho de que te echen de tu casa, de tu hogar, de no poder hacer nada. Una historia sobre la estructura habitacional y su control por parte de esos algunos pocos ricos. Una historia de desahogo sobre la ruina, una expresión personal de como es quedarte sin nada y verte en la calle. 

En 2016, Kase.O nos trajo Basureta dentro de un ovni musical llamado el Circulo. Una canción sobre la depresión, la vivida por él exactamente. Una historia sobre como caer en el fondo de un pozo, replantearte la existencia y la misma vida. Una historia de amor, tanto del que recibimos de otras personas como del propio. Una historia sobre el miedo a la incapacidad de seguir, de creer en uno mismo. Una historia de desahogo sobre el sufrimiento psicológico del mismo artista, de su misma creencia en si mismo, en uno mismo. 

Así podría estar todo el día, pero la idea tampoco es haceros perder el tiempo con una enumeración. La idea era solo meter algunas piezas de desahogo personal de distintos artistas. Obras que, por unos u otros motivos, estos raperos quisieron mostrarle al mundo. Un factor humanizante de como les afecta el mundo, de como son humanos. Y he aquí la cuestión. 

El rap como género musical procede de un movimiento cultural superior llamado hiphop, una expresión social nacida en las calles de Nueva York durante los años 70. Nacida de “la necesidad de gritar” de los grupos desfavorecidos. De esto ha pasado mucho tiempo y el género ha evolucionado mucho, y ha sido manipulado aún más, pero su factor de “urbano”, de “underground”, es algo con lo que se juega últimamente mucho, mayormente a nivel comercial –por alguna estúpida razón el concepto urbano vende, el de rap no tanto–. 

Dicho concepto “urbano” se ha comercializado, esto es una realidad. De una forma parecida a la que comentaba Víctor Leonore en su libro Indies, hípsters y gafapastas, sobre el aprovechamiento de la industria de la moda de la pobreza derivada de la crisis para plantear una apariencia modelizada de esta, de convertir en moda la ropa vieja, las barbas desaliñadas o las zapatillas antiguas, la industria musical ha hecho algo similar. 

Buscando sonidos “nuevos” las productoras se encontraron con un target, un conjunto de personas, jóvenes empobrecidos y con conciencia crítica, que explotar. Una serie de sonidos de procedencia urbana, como son el rap, el reguetón o el RnB. De ahí pasaron a dos opciones: a) contratar artistas del mundillo para explotar/comercializar o b) coger artistas de la industria pop y adaptarlos a este género. La opción a) es legítima, puede que el artista pierda esencia pero al final es un medio para poder seguir viviendo de ello, de lo gratis no se come. El problema es la opción b), la comercialización de un género separado de su origen, de su esencia cultural. Y aquí, por fin, llega el problema, llega Cepeda –era hora–.

El pasado 6 de julio el cantante conocido por OT, al parecer también por la Voz, Luis Cepeda publicó su canción Desahogo, hasta ahí todo bien, es lo suyo que saque canciones, nos gusten más o menos. ¿El problema? El estilo que usó para dicha canción. En base de rap y “tirando líneas” este artista se marca una canción con una narrativa basada en el bullyng que le realizan por redes sociales. Es legítimo que se queje de lo que le puede molestar y puede que le guste el rap pero no creo que sea excusa suficiente. Estamos hablando de un artista que no perteneciente a este género se la juega como una forma de desahogo vendiendo como le sobreexplotan mediáticamente usando clickbait. Estamos hablando de una persona con más de medio millón de seguidores en redes sociales y que se ha hecho famosa con un reality show. Una persona que dice que dejará la “música el día que un fan suyo se sienta ofendido de verdad”, mientras le da igual los fans del resto, y que compara que le insulten llamándole “calvo”, por redes, con el de “subnormal” a niños en el colegio, un intento de dar ejemplo de empatía convertido en hipocresía. 

Estamos hablando de un artista puramente comercial, del más alto nivel del mainstream, que se pasa al rap como forma de aparentar ser más profundo y underground. Vende una idea en una base y estilo que está de moda para criticar lo que sufre. El rap tiene una vertiente lúdica y otra crítica, eso está claro, aquí es usado como la segunda, en definitiva, para que se desahogue un tipo al que le llaman calvo por redes. Esa es la concepción que tienen algunos artistas externos al género de para que puede servir el rap. Quejarse de su explotación mainstream, ganada a pulso y queriendo, usando a la propia industria que le explota como fin creativo. 

En este caso nos ha tocado a nosotros. Si mañana Cepeda está contento –¡cuidado!– quizá le dé por hacer reguetón, y como tiene su público y su industria que le permitirá hacerlo pues que lo hago. Todo vale.  

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