La mejor forma de viajar es el arte

La mejor forma de viajar es el arte
Crónica del concierto de Chaman en Madrid presentando en directo AROUSAL, su último trabajo, en la Sala Copérnico
Fotografía César Garrido Payno ( Vía Twitter)

Restaban pocos minutos para la entrada en sala. Rodeado de míticos de la escena under madrileña, empinábamos el codo antes de enfilar la vista hacia la mítica Sala Copérnico. Dave, Marotone o Waor reposaban el vaso y echaban el humo cómo queriendo recordar antaño. Sin duda sería una noche para viajar al pasado y sonreír. Pagada la cuenta y llenado el buche, era el momento. La parroquia peregrinaba subiendo la calle Fernández de los Ríos, recordando la cantidad de noches que habían acabado sentados en sus soportales. Los fieles más puntuales aguardaban en la puerta para reencontrarse de nuevo con su profeta sobre el tapiz. Con la sala rozando los topes, la banda comenzaba a afinar, el maestro de ceremonias saltaba a escena.

La energía se palpaba, las sonrisas nos delataban a todos los presentes y el puto underground madrileño estaba haciendo vibrar de nuevo la Copérnico

El protagonista era Juan Carlos, Chaman. Un artista modelo, letrista por convicción y trabajador incansable por oficio. Un tipo humilde y currante al que el protagonismo no le termina de convencer. Sin embargo, afronta con coraje el liderazgo siempre que sea arropado por los suyos de ley. Sonaba Introspección. Su rostro reflejaba la emoción de reencontrarse con los suyos. Las primeras frases casi titubearon hasta que comenzó el viaje. La energía se palpaba, las sonrisas nos delataban a todos los presentes y el puto underground madrileño estaba haciendo vibrar de nuevo la Copérnico. Sonaba Madrid Dreamin´.

La arriesgada jugada de sonar con banda y Dj en un regreso esperada. Un envite excelente que dotó de armonía y cadencia el directo, enlazando los temas más sosegados de Arousal, con las primeras colaboraciones de la noche. Roca mandaba a los platos, representando la esencia de los Hijos Bastardos, y acompañando a la banda con su saxo. La conexión era idílica en el fondo instrumental, Raúl entraba en escena para sumar el trombón, mientras Chaman ya no podía contener a su público.  La peña de bote en bote, la energía traspasaba los ropajes y nos llevaba a todos unidos en el viaje que comandaba Chaman: Naranana……Naranana…

Especial mención para Juan, miembro de Black Jackets y uno de los grandes culpables del sonido sobre el que vuela Chaman en Arousal y Poética, sus dos últimos discos. La conexión entre ellos era más que palpable también en el directo. En la grada, Waor asentía con la cabeza disfrutando del show, pronto lo pisaría junto a Natos en una nueva colaboración sobre el tapiz. Sonaba Martes 13. Por aquél entonces la fusión con el público era ya inseparable. Un público que había convertido La Delicadeza en un himno a la altura de aquella fiesta.

En un regreso a las andadas frente a los tuyos, a los de siempre, no puede faltar la mirada a los clásicos. Chaman y Roca se ponían codo con codo para rendir homenaje al mítico Dame Cinco Minutos.  Y en este maravilloso viaje por el arte que nos brindaban aquellos virtuosos, también hubo un guiño al 2007, para celebrar los más de 10 años del trabajo Porque No He Muerto y su reconocido Por SiempreChaman y la banda amenazaban con marcharse. Los presentes no lo íbamos a permitir y todos regresaron para entonar las 3 canciones que cerraban la noche.

Porque, cómo aquel profeta, todos habíamos estado jodidos, ninguno se escapaba de haberla cagado

Sonaba Libra y todos brindábamos por la bendita música en directo. La noche en Copérnico llegaba a su fin. Un aluvión de sensaciones caían cómo gotas de lluvia en la fría noche madrileña. Chaman no podía contener sus lágrimas en su salida del escenario, en fundirse en abrazos con todos los que -cómo él- se sentían orgullosos y emocionados de haber vuelto a disfrutar de una noche memorable para el underground madrileño. 

En mi cabeza caía a plomo una frase del artista: «El éxito es efímero, el talento demostrable». Y recordé porque todos los presentes nos sentíamos igual de satisfechos que el artista en aquella noche: Porque supimos encontrar el talento, supimos valorarlo. Porque no nos guiamos por directrices sencillas hacia el éxito. Porque, cómo aquel profeta, todos habíamos estado jodidos, ninguno se escapaba de haberla cagado. Pero sobre todo, porque en muchos casos, cada error y cada acierto en nuestro camino, nos había evocado una frase de Chaman. Su viaje, también es nuestro viaje.

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