The Kendrick Lamar Prize

The Kendrick Lamar Prize

Reconocer la cultura hip hop como ideal de servicio público ya no es el cuento de algunos locos, es la realidad que nos muestra los más que reconocidos premios Pulitzer con el galardón a Kendrick Lamar.

“El rap me ha enseñado la verdadera definición de lo que es ser artista. No trata sobre el dinero, o los coches o las ropas. Trata realmente sobre expresarse y poner esa pintura en el lienzo para que el mundo evolucione para que sea mejor para las generaciones que vengan detrás. El hip hop lo ha hecho”

Kendrick Lamar, tras ganar el Grammy a Mejor Álbum de Rap 2017.

Uno nació en Makó, Hungría, el otro en Compton, Estados Unidos. Uno nació en 1847, el otro en 1987. Uno le presta el apellido a uno de los premios más reconocidos del periodismo y el otro es uno de los raperos más reconocidos hoy en día. Uno es Joseph Pulitzer y el otro es Kendrick Lamar Duckworth y lejos de parecer que no tengan nada que ver en este año 2018 nos ha sorprendido con su relación. El emparejamiento que demuestra el servicio e influencia social que tiene hoy en día el rap, y más concretamente en USA.

Más de cien años de antigüedad del premio y muchos no lo sabréis -o por lo menos yo no lo sabía hasta hace bien poco- pero los premios Pulitzer están divididos en 21 categorías, 13 premios relacionados con el periodismo, 6 con distintas formas literarias y 2 con humanidades (teatro y música), que se han ido agregando de forma escalonada en relación a un criterio dogmático de poder de influencia más que significativa en la sociedad estadounidense. Un punto de vista que, partiendo del periodismo como servicio público, ha ido evolucionando durante un siglo entero hasta llegar a visibilizar la importancia que en muchas ocasiones en medios como este hemos intentamos hacer ver al mundo con respecto a la necesidad de entrever las penas de los barrios más desfavorecidos y de determinadas clases sociales a las que la cultura hip hop les da un “megáfono con el que poder gritar”. Un premio que el pasado miércoles 30 de mayo recogió Kendrick Lamar, pero que representa a todos los que pasaron y están hoy en el mundillo del rap.

En este caso, Lamar ha sido premiado formalmente con el Pulitzer por el disco DAMN. del pasado año, ya galardona en su día con varios premios Grammy, pero la realidad es que el galardón viene dado por la trayectoria musical que ha mantenido el artista en el último lustro, con sus discos Good kid, M.A.A.A.D. city, de 2012, To Pimp a Butterfly, de 2015, y DAMN., de 2017, ya mencionado, y su participación en la producción de la banda sonora de la película Black Panther, una de las obras con mayor influencia social en el sector afroamericano de la última década.

Es cierto que los pasos bien marcados que ha dejado este rapero en el mundo de la música han sido reconocidos durante años a base de Grammys, a base de premios relacionados con “honores cívicos”, a base de un reconocimiento por una vertiente más mainstream que le ha llevado a colaborar en distintos escenarios con artistas como Imagine Dragons, U2 o Rihanna, a base de buenas críticas de distintas revistas musicales especializadas y que ahora, quizá por un comienzo de reacondicionamiento del imaginario de muchos intelectuales o creadores de opinión, ha llegado a una vertiente de aprobación social generalizada. Una idea de cómo la música aun puede ser un bien social más que necesario.

Pero hablemos del Kendrick Lamar premiado de 2018 y del porqué de este galardón, del reconocimiento del disco DAMN..

DAMN.

Este disco salió al completo al mercado el 14 de abril de 2017 con unas cifras de venta en formato físico, en la primera semana, de más de 350.000 unidades y de 340 millones de reproducciones en YouTube, cifras que así puestas en un texto parecen un gua de un par de centímetros pero que en sí una tras otra hacen una cola infinita de oyentes y de público del formato físico que pese a parecer desaparecer en este caso está bien presente y han ayudado en 2017 a convertir al rap en el género musical más escuchado en USA por primera vez en la historia -o por lo menos desde que se cuantifica esto-, por delante del rock.

Con catorce piezas empaquetadas en un disco de 12 centímetros de diámetro de policarbonato, la última obra de Kendrick Lamar juega a probarse en una carrera a dos ritmos. En lo que sería unas bases que practican una carrera de largo recorrido de una forma más pausada y unas líneas vocales, al más puro estilo Lamar, de carrera de velocidad agresiva bajo unas temáticas, de cómo bien hace mención con la canción LOYALTY., de lealtad, amor y empatía. Siendo un ejercicio de análisis pseudofreudiano de su condición de lo que es hoy, en relación a su deseo y lo que se le “impone” como estrella de la música. De la conciencia de lo que en muchas ocasiones deseamos ser o tener y en como hay que ser consciente de quienes somos, fuimos y, realmente, queremos ser. Un camino entre el análisis del “yo” de Freud y el “yo soy yo y mis circunstancias” de Ortega y Gasset a su estilo. O lo que es lo mismo, una historia que desde HUMBLE. a FEAR., pasando por LOVE, nos cuenta en un formato más abstracto sentimental que real lo que fue criarse en una ciudad como Compton y llegar a este punto de fama mundial sin perder su conciencia de donde viene, de lo que debería ser el amor y un deseo de vivir con humildad, en una base narrativa mayormente negativa en la cual desarrolla las atrocidades que se repiten en las calles de USA y que en muchas ocasiones nos negamos a ver por estar más atentos de Instagram y de la pela que de la persona que tenemos sentada a nuestro lado.

En 2013 Pharrell Williams decía que “Kendrick Lamar era el Bob Dylan de nuestra era”, hoy podemos decir que un Pulitzer en la categoría musical no es un Nobel de Literatura pero sí que lo que dijo Williams en su día no era ninguna tontería.

Por Alejandro Blasco Gamero (@JaloBG)

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Etiquetas: , , , , , , ,