La última cena de Notorius B.I.G.


La ironía de la vida y el marketing nos trajeron días después del asesinato del Grande Life After Death (1997), quizá su mayor obra sin ser completamente suya

Álex Blasco Gamero (@JaloBG)

1997, los 90 se acercaban a echar el cierre, en España ETA se mantenía activa, en Ruanda los asesinatos a cooperantes de ONG´s se repetían, se veta una resolución de la ONU elaborada por la UE contra los planes israelíes de construir en Jerusalén –hoy norma–, y en EE.UU. Clinton comienza su segundo mandato -si, el de nariz con forma de glande- y, lo que más nos importa en este momento, el gran Notorius nos dice adiós, despidiéndose póstumamente, unos días después, con su disco Life After Death.

Nacido en Brooklyn a comienzos de los setenta y, para muchos, el máximo exponente del rap de la costa este durante los noventa, y del rap en general, Christopher George Latore Wallace (Notorius B.I.G.) fue asesinado en Los Ángeles por un tirador, aún hoy desconocido, de cuatro tiros en el pecho el 9 de marzo de 1997. Un asesinato de uno de los mayores iconos de la cultura estadounidense que no despertó el suficiente interés en la administración pública como para inquirir en profundidad en su momento y que, hasta hoy, ha sido investigado en varias ocasiones por distintas denuncias de parientes de Biggie en relación a un “fallo de forma a la hora de actuar de la policía”, o lo que viene siendo un “la policía no actuó porque eran negros de barrios bajos y mientras se maten entre ellos pues cero preocupaciones” -la triste realidad del racismo sistémico en USA, y en el mundo. Sorpresa-.


Ready to Die (1994), disco que encumbró a Notorius al estatus de leyenda con tan solo 22 años, con piezas tan reconocidas hoy como Juicy

16 días después de su muerte vio la luz su segundo disco (Life After Death), último que produjo en vida, años después saldrían al mercado Born Again (1999) y Duets: The Final Chapter (2005). Siendo todos producidos por Bad Boy Records, sello rival de Death Row Record y por el que se presupone que existió una guerra que llevó al asesinato primero de Tupac y más tarde de Biggie, en colaboración con varios artistas de renombre de la época como Deric D-Dot Angelettie, Sean Puffy Combs o el gran DJ Premier, genios que trabajaron con otros grandes como Nas, The Game y Jay-Z -con el que compartió instituto, dato-, este “Vida después de la muerte” fue la secuela del gran Ready to Die (1994), disco que encumbró a Notorius al estatus de leyenda con tan solo 22 años, con piezas tan reconocidas hoy como Juicy, quizá su canción más famosa y con la que más contradicciones encontró el propio artista por sus intenciones principalmente comerciales, Big Poppa y Gimme the loot -de obligatorio escucha-.

Un estreno por todo lo alto del de Brooklyn, curtido tras una vida de pequeño camello, una breve incursión en la cárcel por tenencia de armas y venta de drogas y un asentamiento en el mundo del hip-hop a través de batallas de gallos a nivel urbano que le valieron para grabar una cinta -¡bendito objeto extinto!- que llegó más tarde a las manos de Puffy, y con ello al comienzo de su carrera musical a nivel “profesional”.

Y así llegamos a Life After Death. Secuela discográfica de Biggie, con más de una veintena de piezas del genio del rap presentadas a modo de segunda temporada, con un previously de su primera obra, la introducción ya nos deja claro lo que nos quiere/quieren contar en este disco con unas breves líneas de Biggie, un disparo y una desaparición progresiva de las constantes vitales del rapero que den paso a la parte musical con Sommebody´s Gotta Die, una clara oda al gangsta rap que continuará a lo largo del CD. Un trabajo creado a través de una narrativa que enlaza sus bases musicales con interludios conversados, que empaca eso que antes nos gustaba llamar álbum, que hoy se está perdiendo, con sampleos muy reconocidos, como los de B.I.G o Mo Money Mo Problem, y otras creaciones propias, hoy claramente reconocidas y usadas por otros artistas -si, estoy hablando de C Tangana, el que se cambió de nombre para hacer “más que rap” y empezó sampleando a Biggie-, bajo una clara influencia del contexto social en el que vivió y creció Notorius, una vida con relaciones criminales violentas y pobreza enmascaradas con una exaltación de empoderamiento, simbolizado con el dinero, las armas, mansiones, coches y mujeres.

Claramente uno de los discos más potente de la historia del rap creado por un chico de 24 años, primaveras suficientes para ser leyenda de nuestra cultura e icono musical actualmente y que antes de morir, pese a la mano que le metieron varios productores de forma póstuma, nos dejó perlas como Ten Crack Commandments, Kick in the Door o Hypnotize.

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