El patriotismo que sí

El patriotismo musical tiene una connotación negativa latente, pero la positiva comienza a brotar en la música rap a borbotones

Por Amavi Akakpo @aatinajero

 Amavi Akakpo Opinión

Dicen que los nacionalismos se dan en épocas de crisis, porque ante la incertidumbre volvemos a las raíces para encontrar el camino de la identidad. Y algo de verdad debe de haber en esto, porque es cierto que hay una tendencia dentro del panorama rap -que siempre había buscado referentes mirando hacia fuera- de mirar hacia dentro. De ir con el ladrillo en la mano para contar al mundo como es su casa.

Hace no tanto era un piropo decir “es tan bueno que no suena español” y ahora la tendencia es (re)conocernos no solo en lo que somos, sino también en la trayectoria de dónde venimos y lo que antes nos resultaba casi vergonzoso hoy es un motivo de orgullo y celebración. No se me ocurre una forma más real de patriotismo. No es un cambio en los referentes, es el cierre del círculo. La verdad revelada cuando uno se mira al espejo y se encuentra con lo que es. Que quemar a Wu Tang Clan no te haga renegar de Estopa.

De Camela a la generación del 27. Somos todo esto.

Aunque es algo que se viene fraguando de lejos, empieza a cobrar protagonismo en los últimos meses. La experiencia de echar la vista atrás de Recycled J en Raíces -Me piden que vuelva pero yo jamas me he ido. (…) Crecí con Estopa y Los chichos. Di clases a niños en Pan Bendito-. Lanzamientos como Rotten de Lone y su reivindicación de las letras españolas a través de Delibes “milana bonita, milana bonita”-, lo mismo que Danié y Charlie Efe en Miguel y Federico “¿Qué tendría La Tarara pa´que Lorca la escribiera? ¿Qué tendrá La Tarara pa´ que Camarón cantará”-. Delaossa y sus guiños al cine español en Berlangao Un perro andaluz. Sharif y su culto a la poesía; a Ángel González en Acariciado Mundo, A Miguel Hernández en Bajo el rayo que no cesa… incluso a Camarón con sample final en Sobre los márgenes

Lo hizo también Gata Cattana en Yerma tan suya ya como de Lorca o en De la tierra cantando por tangos retrecheros junto a Juancho Marqués. Foyone y su Ole dónde confabulan la ironía y la crudeza. Díganme que no es marca de la casa el reírnos de todo mientras nos vamos a la puta. Prok y las realidades que conviven sin romanticismo en El puchero de la abuela

C Tangana y el folklore. El de pasodoble y plañideras en Demasiadas mujeres. El de los cantantes melódicos con baladas tristes en Nunca estoy. El extrarradio de los 90 en Tú me dejaste de querer. Orgullo kinki. Feria. Fiestas de Móstoles aka La ruleta de la puñalada. Este es nuestro background aunque fuéramos una generación de universitarios que nos fuimos a vivir al centro, aunque renegamos del flamenco kinki mientras exaltábamos el cante jondo. De Camela a la generación del 27. Somos todo esto. Y lo cantamos orgullosos porque la verdadera historia es la que escapa de los análisis de los intelectuales, es de los que la viven. Los que no siempre tienen oportunidad de escribirla, por eso la cantan.